• Tigris
  • (1978–1979)

Existe un arte visual del antiguo Egipto en el que se muestran marineros y sus naves de papiro. En 1968, Thor Heyerdahl había podido observar ese tipo de arte en tumbas faraónicas en el Valle de los Reyes, en Luxor. En el transcurso de la década de 1970, se sintió cada vez más interesado por esta pregunta científica: ¿Las tempranas civilizaciones de la Mesopotamia del valle del Indo y de Egipto habrían tenido contacto entre sí a través de los océanos?

Existía el consenso entre los investigadores de que los sumerios en la antigua Mesopotamia contaban con barcos de vela, con los que solo navegaban por ríos y aguas costeras. Heyerdahl no estaba de acuerdo ya que creía que los navíos primitivos en la antigüedad habrían sido utilizados también para navegar en mar abierto. Cada vez estaba más convencido de que los grandes lagos y océanos no habrían impedido el contacto entre las antiguas civilizaciones, sino que por el contrario, habían sido importantes vías de circulación.

En 1976, Heyerdahl viajó a Irak, la antigua Mesopotamia, para estudiar las embarcaciones de juncos que utilizaban los árabes de los pantanos. Le habían informado de que la flotabilidad de los juncos era mejor cuando se cortaron en el mes de agosto.

Heyerdahl hizo caso a aquella recomendación, y en 1977, viajó hasta la confluencia de los ríos Éufrates y Tigris en la antigua Mesopotamia donde dirigió la construcción de una embarcación de junco de 18 metros de largo, la mayor hasta ese momento. El barco fue bautizado con el nombre de Tigris.

Navegó junto con una tripulación internacional compuesta por once hombres. Tres de sus compañeros de las dos expediciones Ra: Norman Baker (EE. UU.), Carlo Mauri (Italia) y Yuri A. Senkevich (Rusia), y a ellos se unieron Rashad Salim Nazir (Irak), Asbjorn Damhus (Dinamarca), Hans Peter Bøhn (Noruega), Germán Carrasco (México), Norris Brock (EE. UU.), Detlef Soitzek (Alemania) y Toru Suzuki (Japón).

Desde el río Shatt al-Arab, en Irak, continuaron bajando por el Tigris hasta el golfo Pérsico hasta salir al mar Arábigo. A diferencia del Kon-Tiki y el Ra, barcos que eran impulsados por el viento y las corrientes marinas, el Tigris debía navegar hacia puertos predeterminados. A pesar de que el barco resultó ser difícil de controlar, logró llegar al valle del Indo, en el actual Pakistán y a Yibuti en África oriental.

Heyerdahl sintió la tentación de navegar con el Tigris por el mar Rojo, pero las guerras y los conflictos en la región, así como un equipo de hombres ya cansados, le llevaron a decidir que Yibuti sería el destino final de la expedición.El viaje supuso finalmente 6.800 kilómetros a lo largo de 143 días.

Heyerdahl había vuelto a demostrar la navegabilidad en el océano de un barco de juncos, y por lo tanto él junto a otras personas, se reforzaron en la creencia de que en la antigüedad había habido contactos de ultramar entre las grandes civilizaciones alrededor de la Península Arábiga.

Como una protesta contra las guerras en la zona, Heyerdahl decidió que Tigris sería quemado y, así, el 3 de abril de 1978 pudo verse al Tigris envuelto en llamas fuera del puerto de Yibuti. Al mismo tiempo, envió una carta a las Naciones Unidas con un llamamiento a los ciudadanos de todos los países industrializados:

«Todos somos cómplices, a menos que demandemos de los responsables de tomar decisiones en nuestro nombre, que las armas modernas no sigan estando a disposición de ningún pueblo cuyos antepasados condenaron el uso de simples hachas y espadas».

 

 

 

Heyerdahl’s Expeditions